Recibes una videollamada. Es tu director financiero. Reconoces su cara, su voz y hasta la muletilla que usa siempre. Te pide que adelantes una transferencia urgente a un proveedor nuevo, que es confidencial y que no lo comentes todavía con nadie. Cuelgas y la haces.

No era él.

El fraude con deepfakes ha dejado de ser un experimento de laboratorio para convertirse en una de las estafas que más rápido ha crecido en los últimos dos años. Y el blanco preferido no son las grandes corporaciones con equipos de seguridad dedicados: son las pymes, donde hay menos protocolos, menos concienciación y mucha más confianza en «la voz conocida».

Qué es un deepfake y por qué ya no se nota

Un deepfake es contenido —audio, vídeo o imagen— generado o manipulado con inteligencia artificial para que parezca auténtico. Aplicado al fraude empresarial, sirve para suplantar a una persona concreta: un directivo, un cliente, un proveedor o incluso alguien del departamento de informática.

Lo que ha cambiado no es la técnica, es el precio. Clonar una voz con calidad suficiente para engañar por teléfono ya no requiere un equipo de investigación: bastan unos segundos de audio público. Una entrevista en un pódcast, la intervención en un webinar, un vídeo corporativo en la web o una nota de voz reenviada. La cara sale de LinkedIn.

Es exactamente la dinámica que explicamos en nuestra guía sobre IA ofensiva: la inteligencia artificial no ha inventado ataques nuevos, ha abaratado los de siempre hasta el punto de que compensa dirigirlos contra empresas pequeñas.

Los números: hasta dónde ha llegado esto

Conviene mirar los datos con cabeza, porque en este tema circulan cifras muy alegres. Estos son los que sí tienen detrás una metodología conocida:

Ninguno de estos estudios es un censo, y las muestras están sesgadas hacia empresas medianas y grandes. Pero la dirección es inequívoca, y la experiencia en campo la confirma: lo que en 2023 era anecdótico, hoy entra por la puerta de empresas de veinte empleados.

Por qué la pyme es el blanco favorito

No es mala suerte. Es una cuestión de rentabilidad para el atacante:

Anatomía de un ataque, paso a paso

Los fraudes que hemos visto siguen casi siempre el mismo guion:

  1. Reconocimiento. El atacante estudia el organigrama en LinkedIn, la web y el registro mercantil. Identifica quién ordena pagos y quién los ejecuta.
  2. Recolección de material. Descarga vídeos y audios públicos del directivo que va a suplantar. Con uno o dos minutos limpios suele bastar.
  3. Elección del momento. Viernes por la tarde, vísperas de puente, o justo cuando el directivo real está de viaje y es difícil de localizar. Esto último no es casualidad: normalmente lo han comprobado antes.
  4. El contacto. Llamada de voz, nota de audio por WhatsApp o videollamada corta y con mala calidad «por la cobertura». La baja calidad no es un fallo: es intencionada, porque disimula los artefactos de la IA.
  5. La palanca. Urgencia, confidencialidad y jerarquía. «Es una operación que aún no es pública», «no lo comentes con nadie», «necesito que salga hoy».
  6. El cierre. Cuenta bancaria nueva, a menudo en otro país, y varias transferencias fraccionadas para no disparar alertas del banco.

Fíjate en un detalle: en ningún momento hace falta vulnerar un sistema. No hay malware, no hay exploit, no hay nada que un antivirus pueda detener. Por eso el control tiene que estar en el proceso, no en la tecnología.

Tres hábitos que blindan a tu empresa

Ninguno cuesta dinero. Los tres se implantan en una tarde.

1. Verifica siempre por un segundo canal

Esta es la regla madre: ninguna petición de dinero, de cambio de cuenta bancaria o de datos sensibles se ejecuta con la validación de un solo canal. Da igual que la voz sea perfecta y que la cara esté ahí.

La clave está en quién inicia la verificación. No vale responder al correo ni devolver la llamada al número que te acaban de dar: eso sigue estando bajo el control del atacante. Tienes que ser tú quien contacte, por un canal que ya tenías guardado de antes —el móvil que está en tu agenda, la extensión interna, un mensaje en la herramienta corporativa—.

Y ponlo por escrito, aunque sean cuatro líneas: qué operaciones exigen doble verificación, a partir de qué importe, quién puede autorizarlas y qué se hace si no se localiza a la persona. Sin esa última parte, el protocolo se salta el día que hay prisa.

2. Define una palabra clave interna

Una palabra o frase acordada previamente que solo conocen las personas con capacidad de ordenar o ejecutar pagos, y que se pide en cualquier petición urgente fuera de lo normal.

Es un control primitivo y por eso funciona: la IA puede clonar una voz, pero no puede clonar un secreto compartido que nunca ha estado en internet. Tres condiciones para que sirva de algo:

Añade una regla más, y es la importante: si el interlocutor no da la palabra clave, la operación se detiene. No se negocia, no se hace «por esta vez». Quien pare un pago legítimo por seguir el protocolo tiene que salir reforzado, no reprendido. Si la primera vez que alguien aplica la norma se lleva una bronca, la norma está muerta.

3. Forma a tu equipo

El eslabón débil no es la tecnología: es que nadie ha avisado. Muchas personas que gestionan pagos a diario todavía no saben que hoy se puede clonar una voz con treinta segundos de audio.

No hace falta un plan de formación ambicioso. Media hora al trimestre con casos reales, un ejemplo de audio clonado para que lo oigan con sus propios oídos y un simulacro anual —una petición falsa lanzada de acuerdo con dirección— cambia el comportamiento más que cualquier documento. Si quieres una base sobre la que construir, nuestro checklist de 25 controles esenciales recoge la formación junto al resto de medidas básicas.

Las señales que todavía delatan un deepfake (y por qué no debes confiar en ellas)

Hay pistas técnicas que aún aparecen: parpadeo escaso o irregular, bordes borrosos del pelo y las orejas, sincronía imperfecta entre labios y sonido, iluminación de la cara que no encaja con la de la escena, manos deformes al cruzar el encuadre, entonación demasiado plana o respiración inexistente en los audios.

El problema es que esa lista caduca cada pocos meses. Y hay algo peor que no detectar un deepfake: acostumbrarse a auditar mentalmente todo lo que uno ve. Algunos profesionales del sector ya lo describen así: «Ya no me creo nada. En cada imagen o vídeo que veo me fijo en las sombras y compruebo la geometría mentalmente, intentando entender si lo que estoy viendo es real o es IA».

Esa paranoia no es un plan de seguridad, es agotamiento. Por eso la defensa útil no consiste en aprender a distinguir lo verdadero de lo falso, sino en dejar de usar la cara y la voz como prueba de identidad. Deja que el proceso valide, no tu intuición.

Qué dice la normativa

Tres marcos te tocan, cada uno por una vía distinta:

Qué hacer si ya ha pasado

Las primeras horas son las que deciden si se recupera algo:

  1. Llama al banco inmediatamente y pide la retrocesión o el bloqueo de la transferencia. Si han pasado menos de unas horas y el dinero no se ha movido de la cuenta destino, hay margen real.
  2. Denuncia ante Policía Nacional o Guardia Civil. Es requisito para cualquier reclamación posterior y para el seguro.
  3. Conserva todo: la grabación si existe, los registros de la videollamada, los correos, los números y las cuentas de destino. No borres nada «para limpiar».
  4. Avisa internamente a todo el que gestione pagos. Estos ataques rara vez son un intento único: si han probado con una persona, probarán con otra.
  5. Apóyate en el 017. La Línea de Ayuda en Ciberseguridad de INCIBE es gratuita y también atiende a empresas.
  6. Revisa el proceso, no a la persona. Culpar a quien hizo la transferencia garantiza que la próxima vez nadie avise a tiempo. El fallo estaba en que el proceso permitía ejecutar un pago con una sola validación.

La lógica es la misma que aplicamos a las primeras 24 horas de un ransomware: contener, documentar y aprender, en ese orden.

Preguntas frecuentes sobre el fraude con deepfakes

¿Cuánto audio necesita un atacante para clonar una voz?

Con las herramientas comerciales actuales, entre treinta segundos y un par de minutos de audio limpio suelen ser suficientes para una imitación convincente por teléfono. Ese material está disponible públicamente para casi cualquier gerente que haya dado una entrevista, publicado un vídeo o intervenido en un webinar.

¿Sirve de algo un detector automático de deepfakes?

Como apoyo, sí; como control principal, no. Los detectores van siempre por detrás de los generadores y su tasa de acierto cae con vídeo comprimido, que es justo el que llega por videollamada. Un protocolo de verificación por segundo canal es más barato, más fiable y no caduca.

Somos una empresa de quince personas, ¿de verdad nos van a atacar?

Precisamente por eso. El atacante no busca la empresa más grande, busca la más fácil de convencer con el menor esfuerzo. Una plantilla pequeña significa cadena de aprobación corta, ausencia de protocolo escrito y una relación de confianza directa con el gerente: las tres condiciones que hacen que este fraude funcione.

¿El seguro cubre este tipo de fraude?

Depende de la póliza. Muchas pólizas de ciberriesgo excluyen el «fraude por ingeniería social» salvo que se contrate como garantía específica, y varias exigen acreditar que existía un procedimiento de doble verificación para pagos. Merece la pena revisar ese punto concreto con tu corredor antes de necesitarlo.

¿Por dónde empiezo si no tengo nada montado?

Por lo que no cuesta dinero: escribe en una página qué operaciones exigen doble verificación y a partir de qué importe, acuerda una palabra clave con las tres o cuatro personas implicadas en pagos, y dedica media hora a explicárselo al equipo con un ejemplo real. Con eso cubres la mayor parte del riesgo antes de plantearte comprar ninguna herramienta.

La mejor defensa frente a esta amenaza empieza por saber que existe. El día que llegue la llamada, lo que va a salvar la transferencia no será la intuición de quien la recibe: será que alguien, meses antes, se molestó en escribir qué hay que hacer.

En CiberPYME trabajamos la prevención del fraude y la concienciación del equipo dentro de nuestro servicio de consultoría GRC, junto con la auditoría y el pentesting y la monitorización 24/7. ¿Quieres saber cómo de expuesta está tu empresa a un fraude de este tipo? Cuéntanos tu caso y te damos una valoración honesta, sin compromiso.

Escrito por

Cofundador de CiberPYME · Consultor y Auditor de Ciberseguridad (GRC). CISM · ISO 27001 Lead Auditor · Ingeniero Informático.

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